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Por Jennifer Barillas.

Ayer fue un escándalo en redes sociales que en el programa televisivo de revista matutina, Viva la Mañana, uno de sus presentadores hiciera bromas machistas.

Hoy sus compañeros se disculpan públicamente frente a cámaras, cuando desde el inicio debían de haber simplemente borrado del guion un contenido que alimenta la violencia y naturaliza la misoginia.

No es chiste poner de víctima a un personaje machista. No es de broma soltar en medios masivos comentarios que alimentan el odio y la violencia hacia la mujer. No es casualidad que estamos viviendo índices alarmantes de violencia doméstica y feminicidios.

Hay que observar qué contenido estamos dispuestos a consumir en casa. Desde una novela de narcotraficantes, hasta comentarios chatarra. Aclaro decir comentarios, o la responsabilidad con la que un comunicador se expresa.

Personalmente he encontrado al señor Calderón en el gimnasio y ha sido una persona educada y respetuosa. Pero a mi alrededor hay personas educadas y respetuosas que me envían por whatsapp chistes misóginos y despectivos que violentan hacia la mujer, así que el hecho de que no me ataquen a mi directamente no quiere decir que en su mente no celebren el machismo o que se lo demuestren a alguien más.

Eso es lo valioso de esta lección. Porque creo que de toda situación repulsiva, dolorosa, desagradable, violenta, algo debe aprenderse.

Abrir los ojos y darnos cuenta en serio de que gente como tú y yo tenemos tíos, primos, hermanos, padres, vecinos, amigos que hacen estos mismos comentarios y los toleramos.

Hay mujeres también que toleramos a través del silencio la perpetuación de la violencia.

En ocasiones he mostrado mi desaprobación a expresiones machistas, en otras situaciones lo he dejado pasar por miedo a ser tildada de hipersensible o clavada, intolerante  las bromas.

PEDIR AYUDA EN EL HOGAR

Las mujeres no tenemos que “pedir que nos ayuden en casa”. Cuando hay dos adultos conviviendo en el mismo lugar simplemente se comparten los privilegios y responsabilidades. Una mujer no nace con obligaciones domésticas por tener ovarios, se las impone la sociedad.

Tampoco el hombre nace con la obligación de cambiar focos, ver los automóviles, o pagar todas las cuentas del hogar. Es algo aprendido.

Poco a poco, con el tiempo he ido experimentando cambios en mi hogar. Con la cuarentena he podido disfrutar de los resultados de años de perseverar. He aprendido de mi esposo como creo que él ha aprendido de mí también.

No es un privilegio ser tratado con dignidad, es derecho.

EL ESTRÉS Y MUERTE DE SER MUJER EN CUARENTENA

Según ORMUSA, la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz, la violencia intrafamiliar ha incrementado en un 70 % hasta marzo. Así mismo, se han recibido en promedio 100 denuncias al mes, cuando el promedio andaba por las 35 a 40.

Estos índices no son casualidad. El estrés de tener que “pedir ayuda en casa” por las interminables tareas domésticas son caldo de cultivo para pleitos. Entre otras tantas razones, como compartir la crianza de los hijos, la privación de libertad, etc.

Ya sabemos que el silencio alimenta la violencia, pero sigue pasando. Peor aún, como tema de entretenimiento familiar televisivo.

Como pude constatar en las redes sociales, las personas rechazan y expresan abiertamente que ya no desean en televisión contenido que no les aporte.

Se puede tener buen humor sin violentar. Se puede generar crítica constructiva y entretenimiento con dignidad

Me alegra que hombres como mujeres hayan hecho circular con desaprobación una broma que pudo haber sido hecha por cualquiera, pero que no debe reproducirse ni en los medios, ni en la privacidad del hogar.